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Fase activa

La fase activa. Las contracciones son más frecuentes, intensas y prolongadas. El dolor se extiende de la espalda hacia la parte baja del útero. Es común tener 3-4 contracciones durante 10 minutos y que esto se vaya repitiendo. Es habitual tener un leve sangrado en esta fase; es una señal de que el cuello del útero se está dilatando.

En la fase activa, el cuello del útero se dilata de 3-4 cm a 10 cm, hasta desaparecer totalmente. Al mismo tiempo la cabeza del bebé va rotando y abriéndose camino; entra en la pelvis y empieza a descender hasta la vulva. Las contracciones aumentan en fuerza, dolor e intensidad y son más largas. Es común que se rompan las membranas y salga líquido amniótico. El periodo que las mujeres suelen considerar más doloroso es hacia el final de la fase de dilatación y el comienzo de la fase de expulsivo; es la llamada fase de transición. Por lo general, se dice que el cuello del útero se dilata 1 cm por hora durante la fase activa de la fase de dilatación, pero con el primer bebé es muy común que sea 0,5 cm por hora. Cada mujer y cada parto necesita cosas distintas y sigue ritmos distintos, así que obviamente muchas mujeres no siguen un patrón estándar.

En esta fase suele servir tener pequeños objetivos como, por ejemplo, cambiar de posición después de cada 5-10 contracciones o cada media hora. Las posiciones con verticalidad son muy útiles y la mayoría de mujeres toman, de forma espontánea, posiciones cuadrúpedas donde hay más movilidad pélvica. Hay varias posiciones: sobre las rodillas y apoyada con el torso sobre la cama o mesa, sentada en una silla de parto, andando, sentada en una pelota de Pilates o apoyada sobre tu pareja… si escuchas a tu cuerpo él te irá dictando lo que necesitas en todo momento. ¡A veces descansar un rato también puede ser muy útil para recuperar fuerzas!

A medida que vaya aumentando el dolor podrías necesitar ayuda para afrontarlo. La matrona se encargará de apoyarte y darte diferentes sugerencias desde métodos analgésicos alternativos hasta métodos como la anestesia epidural. Una buena comunicación con la matrona, el ginecólogo y el personal sanitario es básica para elegir correctamente el mejor método de analgesia para ti. Pide ayuda cuando la necesites y luego toma decisiones sobré qué método utilizar en base a tus conocimientos, información recibida, preferencias y necesidades en cada momento.

A medida que se intensifica el dolor también surgen muchos sentimientos y podrías estar impaciente y tener dificultades para concentrarte en el momento. Es común oscilar entre «está saliendo todo bien, voy a dar a luz a mi bebé» y «no aguanto más, es imposible, no puedo». Contar con un buen apoyo emocional durante todo el proceso es absolutamente imprescindible para evitar desanimarse. También se recomienda tomar líquidos, tanto agua como zumos y bebidas con sales minerales para mantener el cuerpo bien hidratado y con un buen nivel energético, y comer pequeños bocados de cosas que te apetezcan y den fuerza.

Es muy importante ir vaciando la vejiga durante el trabajo de parto para que la cabeza del bebé pueda descender por el canal de parto. Recuerda; tomar líquido y orinar con frecuencia. Como regla podrías recordar orinar cada 2-3 horas más o menos, o mejor pídele a la persona que te acompaña que te lo recuerde.

El apoyo por parte de tu pareja, o acompañante, es muy valioso. Aunque vayas al hospital o casa de partos sola, cuentas con la matrona que te dará todo el apoyo necesario. Recibir palabras de aliento, ayuda para encontrar la posición adecuada o para darte un baño o una ducha, y hacerte un masaje relajante son algunas de las cosas que podría hacer tu pareja. La pareja cumple una función muy importante para acompañarte y animarte en lo que verdaderamente es importante: dar a luz. Tu pareja, o acompañante, te conoce mejor que el personal sanitario y todos formáis un gran equipo.

Sources: - Abascal, G., & Huss, M. S. (2018). Att föda. Bonnier Fakta.